Archivos para 19 mayo 2008

(Temporariamente) Cerrado

Por razones asociadas a mi voluntad y dada la sobrecarga de trabajo que me rodea, este sitio permanecerá cerrado hasta finales de mes.

Disculpe las molestias, estamos trabajando para mí.

Aquí no hay quien viva

Cuelgo el artículo publicado en la Gata Flora 6.

No hago comentarios al respecto porque ya estoy pensando en el próximo (porque ya estamos en el mes de…¿qué mes es este?)

AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA

El otro día me comentaban que ya se está emitiendo la versión argentina de la serie televisiva española Aquí no hay quien viva. Una tendencia ya consolidada, eh: la compra de formatos que se construyen en torno del mismo argumento pero adaptados a las problemáticas locales. Se copian “ideas” que se enraizan con la ayuda de caras conocidas y lunfardo autóctono. Aún no he visto la versión argenta y solo conseguí soportar (a duras penas) el producto original, que me pareció ramplón, tedioso y poco creativo. Una de esas series que cristalizan las costumbres como si fueran entes inmutables.

Hábitos y hábitat…

Empecé con estos diálogos hace un año y pico. Aquel sábado paseaba por el centro de Barcelona y me encontré con una manifestación en la que había mucha gente joven. El reclamo se depositaba en la vivienda. Mejor dicho, en el acceso a la vivienda; y la consigna era: “No tendrás una casa en la puta vida” (sic).
No eran muchos, la verdad. Y si bien se palpaba preocupación, estaban todos sentados. Los diarios del día siguiente le dieron poca (o ninguna) cobertura. Sin embargo, con el correr de los meses, los medios tuvieron que informar acerca de un movimiento creciente.
Estas protestas públicas se extendieron a casi todos los centros urbanos españoles. Las plataformas que las convocan pertenecen a la sociedad civil, y la mayoría de los asistentes suelen no superar los 35 años. Como ellos, creo que estamos frente al mayor problema que tiene España. Porque la vivienda no es un bien cualquiera. Es cierto: se compra como se compran otras cosas; pero es diferente. Sí, es un edificio que nos ofrece refugio y habitación; pero va más allá. Es un lugar donde crecemos; un espacio en el que nuestros hábitos encuentran su hábitat.

Te tiro algunos números…

En relación con los salarios, la vivienda española es la más cara del mundo. Esto es malo o bueno, depende del punto de vista. Hay quienes quieren que el precio baje; hay quienes quieren que el precio suba. Entre los primeros están los que quieren acceder a la primera vivienda; entre los segundos hay demasiados actores: propietarios del suelo, inmobiliarias, constructores (e industrias derivadas), el sistema financiero, el Estado y las personas que ya son propietarias o ya están “hipotecadas”.
Si tomamos los diez años que van del ´96 al ´06 vemos que los precios de la vivienda fluctúan. Si partimos estos diez años a la mitad, vemos que el aumento en los primeros 5 años (96-01) es del 50%. Mucho… En los segundos cinco años el aumento acumulado de los precios es del… 177%. Demasiado: varias veces el crecimiento de los precios de consumo; varias veces el aumento en los salarios.
Ahora ves por qué los que se manifiestan son jóvenes. Los españoles son los europeos que más tardan en emanciparse; la tasa ronda los 30 años. Eso implica que la mitad de las personas de entre 26 y 35 viven con sus padres (tutores o encargados).
Los que lograron emanciparse quedan bastante “apretados”. De hecho, los sindicatos denunciaron que 5 de cada 10 emancipados tienen que seguir tirando del bolsillo de pápa y máma porque para que puedan dejar de hacerlo su salario medio debería crecer el 120%. Y si bien el gobierno central decidió subsidiar (en parte) a los jóvenes que alquilan, ésta es una política pública que ataca los efectos y no aborda las causas.

Ok, ok…Te estoy matando con los datos…

Paro un segundo… Y sigo: la estrategia que han encontrado los jóvenes españoles para emanciparse es el “piso compartido”. Este puede quedar conformado por amigos, conocidos o extraños. O por una pareja, apostando o no a la sagrada-institución-del-matrimonio…
Si abrís el cajón de estos jóvenes españoles emancipados vas a ver un contrato: una justa hipoteca a tasas razonables (nada que ver con las insólitas tasas-sudacas). Este tratado es el que explica la estrategia “asociativa” y consagra una paradoja: los hogares en los que trabajan dos tienen el mismo (o menor) poder adquisitivo que un hogar de hace pocos años en el que solía trabajar uno de los dos.
Este modelo viene creciendo aun al abrigo de años de “prosperidad”. Ahora que se vienen tiempos de recesión mundial (y mega-pánico financiero)… ¿qué pasa si uno pierde el laburo?… ¿y la hipoteca?… Supongamos, encima, que los jóvenes emancipados que son pareja pretenden criar hijos. Paro un segundo…Y te dejo a vos: ante una situación como la que venimos planteando ¿qué harías?… Pensá en tus hábitos; acordate de cuando tenías 20 años… Hablamos de una situación de fuerte impacto en la vida social ¿no?… Volvé a pensar en tus hábitos; mirá a tu alrededor.

Otra paradoja (el tema es muy complicado)…

En España el precio de los pisos impone una fuerte presión sobre los ciudadanos y los ha obligado a “hipotecar” sus hábitos. Esto, que parece injusto, no se produce en un país en el que no hay vivienda suficiente. Todo lo contrario: se produce en el integrante de la Unión Europea con mayor número de viviendas por habitante. En efecto, aquí se construye más que en Francia y Alemania juntas (con tres veces menos de población). El último censo (2001), recoge un parque de 20,8 millones de viviendas, el triple de las que había en 1950 y el doble que en 1970. El 16,3% del total son “segunda residencia” y el 13,9% están desocupadas; en total: seis millones de casas no-usadas o visitadas cada tanto.
Lo cierto es, entonces, que en España no falta vivienda, pero hay necesidad de vivienda. La sobreoferta debería empujar los precios para abajo, pensarás. La ley de la oferta y la demanda, por supuesto. Pero los precios no han bajado (ahora, por la crisis, bajarán, pero poco). El por qué te lo anticipé más arriba: son demasiados los que quieren que los precios no bajen.
Ocurre que la vivienda se ha convertido en una segunda bolsa que alberga inversiones especulativas, esta vez en torno de un bien vital. Los bancos lo celebran. El español medio (el padre del que no puede emanciparse o tener hijos sin su ayuda) sonríe al ver el rendimiento de su “inversión” en ese pisito que compró hace unos años. Las constructoras construyen y las inmobiliarias venden. Y el Estado también queda preso de esta lógica. La construcción es uno de los sectores que concentra más empleo. Es el principal motor del “milagro español” y bombea la ilusión de una prosperidad frágil. Además, las administraciones locales festejan la subida de los precios; así pueden recaudar más en impuestos.
En suma, la situación de la que hablamos es el resultado de un marco institucional que privilegia la construcción de la vivienda-como-inversión frente a la vivienda-como-bien-de-uso y ha convertido al “sector inmobiliario” en la verdadera industria nacional.

Ironía final

¿Cuál es la solución? No lo sé. Se podrían barajar varias alternativas. Un buen comienzo es hablar del tema. Y, en este sentido, me parece que la mayoría de los españoles encaran la cuestión sin abstraerse de sus intereses particulares o, lo que es peor, haciendo una lectura superficial de sus intereses particulares.
Tiendo a pensar que las épocas de elecciones deberían servir para que los temas importantes afloren y sean revisados críticamente. Sin embargo, pasadas las presidenciales en España, las cuestiones que ocuparon los lugares de privilegio en la “agenda” siguieron siendo las de siempre: el terrorismo, los impuestos, la inmigración, la familia-católica y la bandera.
Es una pena. Porque está visto que el mercado no ofrece viviendas a precio razonable; más aún, es evidente que no dice nada acerca de quienes no pueden acceder a una vivienda. Es una lástima. Porque es notorio que sostener la expectativa de una vivienda que puede subir más y más es ensamblar una bomba de tiempo.
Pensé que te serviría saberlo. Mucho más teniendo en cuenta que la compra de “formatos” es una tendencia consolidada. Así, cuando veas otra de esas grúas gigantes, te podrás acordar de que ésta es otra época “atenti, che“.

Lo confieso: estoy (un poco) paranoico

Un tanto asqueado por el ridículo resurgimiento del discurso Imperial en Roma, me puse a repasar un poco de historia.

Antes de que los romanos fueran dueños del mundo, en Italia, mandaban otros: los etruscos. Se sabe poco de ellos: su alfabeto no fue descifrado.

Se supone que podrían ser descendientes de los bárbaros que emigraron al sur; otros creen que podrían ser originarios del Asia Menor.

La hipótesis más probable (dicen) es que hayan sido las dos cosas: una élite de asiáticos que sometieron a los bárbaros (villanovenses) a su comando.

Como ayer terminaba la muestra sobre Etruria del CaixaForum, decidí pegarme una vuelta para ver algunas joyas, vasijas y estatuitas de hace 2500 años.

Reconozco que miré los objetos (detrás de un vidrio, obvio) con superficialidad. Estaba empezando a aburrirme cuando sonó mi móvil.

Atendí.

En los segundos siguientes, sostuve a una conversación a dos bandas: por un lado, mi interlocutor; por el otro, el guardia del Museo.

Pobre Guardia del CaixaForum: – Señor, está prohibido hablar por el móvil…

Este Energúmeno Cronista: – No, con eso ahora, no…Sí ¿qué tal?no, no puedo hablar mucho

PGdC: – Señor, está prohibido hablar por el móvil…

EEC: – No me rompas las pelotas, es un móvil y no un detonador; nadie está en riesgo…¿Toca hoy? ¡qué bien! ¿a qué hora?…No jodas, no estoy marcando una salidera, estoy hablando-en-paz…y, ¿es gratis?

PGdC: – Señor, voy a tener que pedirle que salga, está prohibido hablar por el móvil. Son las normas…

EEC: – Psssss ¡Estas normas esquizofrénicas ya me tienen harto!…¿Barato? ¿barato es cuánto?…Salí de acá: podrido, me tienen podrido…sí, cinco euros pago…¿te llamo en un toque? no, que tengo, acá, al vigía-de-occidente calcinándome los huevos…

Luego de salir (y combinar lugar y hora de encuentro para ir a ver al Ramonet), volví a entrar. Encaré, furioso, al Pobre Guardia del Caixafòrum.

EEC: – ¡Muy bien! ¡Bravo! Salvaste a la humanidad de otro atentado terrorista…Mirá: es un teléfono, un te-lé-fo-no.

PGdC: – Por supuesto, señor; ya sé que es un teléfono. En realidad, las normas no tienen que ver con el terrorismo, sino con no molestar a las otras personas que vienen a ver la muestra. No pretendía atacar sus libertades individuales. Buscaba garantizar el respeto hacia quienes quieren apreciar las piezas en silencio y establecer un puente entre su conciencia moderna y una cultura vernácula.

(Silencio. Vergüenza.)

EEC: Eeeeh…ejem…claro, porque…ejem…Lo que pasa es que anoche vi una película, Zeitgeist, y…ejem…no sé si la viste…quedé un poco susceptible y…puf…reconozcamos que en esta sociedad hay demasiadas normas absurdas…está bien, ésta no era una de ellas y…ejem…no sé cómo disculparme; soy un bestia…empecé a hablar y…

(Silencio. Vergüenza.)

Esta etrusca damisela trasmite paz. Yo, no.