Oid, mortales, el grito sagrado: ¡qué golazo! – I

Tengo muchas ganas de seguir hablando de LA CRISIS; creo que se le puede dar un giro interesante. Pero me llevará más tiempo.

Ahora, como estoy colgado con haber vuelto a caminar, voy a avanzar a fuerza de verbigracia, asociaciones laterales y el inagotable costumbrismo boludo.

Supongo que funcionará como paréntesis. Si es posible, después, atarlo con algo…en fin…de puta madre…

Empezaré por recordar a Vázquez Montalbán. Debo confesar que su serie de libros del detective Pepe Carvalho funcionaron como enzimas en mi adaptación a Barcelona.

Sí, disfruté del bueno de Pepe y su quema sistemática de libros. Pero, sobre todo, me gustaban esas largas descripciones protagonizadas por embutidos desconocidos y gloriosos.

Pepe adora la comida. Tanto le gusta que suele definirse a sí mismo como un “nacionalista gastronómico”. Agrega: el único nacionalismo que vale la pena.

Esta idea me divirtió mucho; especialmente, por el desaire que significa para el petitero nacionalismo catalán, un culto al “narcisismo de la pequeña diferencia”. 

Al igual que Carvalho, desprecio el nacionalismo. Me parece un sentir estúpido y estéticamente vulgar. Me siento (como un estoico) un ciudadano del mundo, nacido en Buenos Aires.

Sin embargo, al igual que Carvalho, tengo una esfera en la que deposito mi fiebre patriotera: SOY UN NACIONALISTA FUTBOLÍSTICO.

Sí: me aburre el Himno y no tengo amor por la bandera. No: cuando juega la selección tengo la derecha en el pecho y cuidado con aplastar el escudo de la AFA.

Todos estos años, mi nacionalismo futbolero estuvo como aletargado. La diferencia horaria conspiraba: “no me voy a quedar hasta las 4:00AM para ver un partido contra Perú”.

Sin embargo, como todo nacionalismo, mi jactancia revivió con la llegada de un líder revulsivo; un Messias.

Desde su advenimiento, me he vuelto el más fiel de los soldados y, si jugamos, “estoy-ahí”: masticando mis uñas y profesando una absurda xenofobia.  

Así, ayer (a las 3.15 de la matina), apagué la computadora; humillado, herido de orgullo y muerto de sueño.

Hay que quemar vivo a Basile. Necesitamos un líder fuerte.

Foto: acá

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4 Responses to “Oid, mortales, el grito sagrado: ¡qué golazo! – I”


  1. 1 Matías Maciel octubre 18, 2008 en 12:16 am

    Será cuestión de averiguar qué tipo de nacionalismo me afecta. El “futbolístico” seguro que no es: si el Cholo Simeone se convirtiera en el nuevo entrenador de la selección, convertiría la camiseta albiceleste en trapo de piso y solo volvería a ver un partido alentando en favor del adversario, cualquiera que fuere.

  2. 2 caminar octubre 18, 2008 en 12:43 am

    Sos un traidor a la Patria.

  3. 3 maresdelsur octubre 20, 2008 en 9:00 am

    Comienzo a entender lo que hay detras del refinado Caminar, un pichoncito de Duce…:)


  1. 1 Expectante « entretanto [ny] Trackback en octubre 18, 2008 en 4:23 am

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