Archive for the 'Brave New World' Category

Rock the Boat – III

Oh, ese librito de tapa roja…Oh, esa tibia secuela de Napoleón, llamada Luis Bonaparte…Oh, la Ciudad Luz sofocada…Oh, la Capital de la Modernidad como Imperio.

Un pedazo de historia que, hoy, varios de nosotros volvemos a mirar. ¿Será porque estamos ante otra crisis de sobre-acumulación capitalista? ¿Será porque los responsables políticos miran para otro lado? ¿Será por esta horrenda retórica populista que azota a los países “desarrollados”?
 
No sé…

A mí, me interesa por un sencillo motivo: creo que “si el escenario cambia, cambiamos nosotros; si nosotros cambiamos, cambia el escenario”. Esta idea es del barbudo de Tréveris (¿cómo se llamaba?), pero no solamente: si hasta esos muchachitos de Chicago, tan antipáticos ellos, la sostienen.

Como fuera y diga quién la diga: es super-potente y da muchísimo juego.

Uno, entonces, imagina al París de 1848 como un escenario agitado. Por testimonios (tipo la soporífera prosa de Balzac) uno concluye que, hasta esa época, la ciudad tendía a segmentarse verticalmente: en el primer piso, los ricos; en la buhardilla, los pobres; en la calle, todos…

No sé si esto tiene rigor histórico, pero da igual. Al fin y al cabo, uno es dueño de sus propias ficciones…Je, je…A veces, supongo que eso mismo habrá pensado Haussmann, el “gran” arquitecto de Luisito B.  

La historia es muy conocida y la tiene que recordar cualquiera que haya visitado París. Sí, Haussmann es el que hizo las grandes avenidas. Efectivamente, desde el Arco del Triunfo se tiene (además de dificultades para cruzar) una vista artificial.

Desde el aire, se ve así:

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A esto se le llama la “estrella” (étoile) y me sirve para graficar el punto. Aún para el turista japonés, está claro que este tejido (tan regular) no puede ser el heredado del París revolucionario. Es, de hecho, lo contrario: es lo que suplanta al París revolucionario, es el tejido del París imperial-capitalista.

Sí, Luisito el Farsante no quería quilombos. Buscaba, al fin, terminar con esa costumbre parisina de poner barricadas por cualquier cosa (tipo la falta de pan). El plan de Hausmann implicaba, entonces, la demanda de “oxigenar” el espacio público para garantizar la represión fácil.

Pero esta no era la única motivación para la primera gran reforma capitalista de las ciudades. Las anchas avenidas eran necesarias para la circulación de mercancías; eran forzosas para que se luzcan las vidrieras; eran ineludibles para dar la perspectiva del Imperio.

Eran precisas para ver a su “nueva gente”, abrigada entre pieles y ocupando los cafés…

París se vuelve la capital de la modernidad cuando se zonifica; cuando se estratifica horizontalmente…Así, los miserables de la buhardilla son expulsados de donde vivían por las altas rentas urbanas y tienen que buscarse la vida entre el lumpenaje de Montmartre.

Lo que Luisito el Moderno nunca supo es que sus blancas intenciones servirían para crear el caldo de cultivo de la Comuna de París…Pero, como dicen por ahí, esa es otra Historia.

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– Hace tanto que no veo un pobre, Madame Malcogitte, que juraría que no existen.

– Ay, Monsieur LeGarque, tiene usted cada ocurrencia.

Rock the boat – II

Está claro: está de vuelta…Lo identifican los conservadores; lo reconocen hasta los intelectuales tradicionales

Y yo sigo sin acordarme su nombre…

Recuerdo, sí, que me gusta más como analista político que como economista. Me interesa cuando se pone complejo y ve todos esos botes ir y venir; abordarse y abandonarse; hundirse y reflotar…

Recuerdo ese librito de tapa roja, protagonizado por un farsante llamado Luis Bonaparte. La crónica parte de la crisis de sobreacumulación del capitalismo y describe cómo las distintas fuerzas se terminan alineando bajo un líder demagogo…

Recuerdo que me afecta más como humanista que como científico. Me atrae cuando dice que lo que pescan unos, lo dejan de pescar otros y cuando aclara que nadie resigna amablemente su pescado (aunque sea más de lo que necesita)…

Recuerdo que me conciernen tanto sus luces como sus sombras. Me conmueve su frustración ante quienes entregan lo que ellos mismos pescaron y se conforman con comer salchichón…

Recuerdo que era un gran escritor. Entre tantas metáforas, valoro mucho esa que imaginaba a la ciudad como un escenario en el que los hombres son los actores de sus propias vidas…

Recuerdo esta idea: si cambia el escenario, cambiamos nosotros; si cambiamos nosotros, cambia el escenario…

Recuerdo que algunos de sus seguidores pensaron que, si el escenario es la ciudad y recuperar sus aires transformadores es una necesidad, precisamos recuperar el mito urbano, requerimos su poesía…

Recuerdo, por fin, una de sus grandes frases: “la revolución social debe sacar su poesía del porvenir y no del pasado”.

Caminar por esta avenida sigue siendo útil e inspirador 

Rock the boat – I

Después del paréntesis, vuelvo a LA CRISIS…Pero, seguiré (¿aún?) sin hablar de que “X” le prestó guita (ficticia o real) a “Y” que, a su vez, aseguró ese préstamo con “Z” y toda esa sarasa…El fetichismo financiero no me interesa.
 
Seguiré el camino trazado…Aunque no sé si estoy entrando o saliendo, empezando o terminando; sé que el final del recorrido está en los suburbios.

Pero, para eso: falta…

Volvamos al Estado y su curiosa “solidaridad”: primero las entidades financieras; después, lo demás. Volvamos al fin del capitalismo y al comienzo de un nuevo paradigma: el idiotismo.
 
En el idiotismo, mientras la obvia “codicia” y la supuesta “falta de regulación” dan pie a una de las estafas más grandes de la historia, nadie va preso…

En el idiotismo, mientras les pagamos para que nos protejan de ellos mismos, los jugadores de la Wall Street League (WSL) bajan su inútil estrés con otro martíni, nos dan una palmadita y nos dicen “quizás, todo vaya mejor“…
 
En el idiotismo, la WSL nos tiene atenazados y no hay remedio: si se cae, podría ser catastrófico… 

En el idiotismo, “todos estamos en el mismo bote” y, si se hunden unos, nos hundimos todos…

Paremos un minuto: la caida de Wall Street genera un maremoto. Pero no hay un solo bote, hay cientos.

Este bote tiene mayordomo y un campo electrificado que lo circunda. 

Nada que ver con el mío.

Desplazamiento (a)crítico – II

Siguiendo con los “desplazamientos” de la crisis, voy a apuntar uno más (siempre siguiendo al viejo Harvey).

El que sigue se escucha en boca de algunos conservadores. Y eso es entendible. Lo realmente insólito es que este desplazamiento sea reproducido por las personas de “izquierda” (al punto que uno, ya, duda de que exista tal cosa):
 
– ¿Por qué ESTALLA la crisis?
 
Obvio – nos dice el zurdaje esquizofrénico – por la falta de regulación del Estado.
 
Algunos, incluso, agregan a esta sentencia un absurdo pronóstico: “ante lo visto,  la idea de un Estado que no interviene en la economía queda descartada: es el fin del neoliberalismo“.
 
Vamos por partes: la afirmación es cierta, pero no deja de ser una falacia; el pronóstico es alentador, pero no deja de ser una extravagante pelotudez. 
 
¿Es la falta de regulación del Estado lo que causa la crisis O (MUY DIFERENTE) la crisis es el resultado de la regulación (normativa o no, DA IGUAL) del Estado? O sea: las enoooormes ganancias derivadas de la actividad financiera ¿eran un secreto? ¿un secreto para quién?
 
Que se estaban ofreciendo préstamos, a diestra y siniestra, para soportar la timba en torno al mercado inmobiliario estaba claro. Que la concentración en la cúspide de la estructura social yanqui se duplicó en pocos años estaba claro.

No estoy, entonces, suponiendo que el Estado conocía lo que estaba pasando: lo considero una certeza.

La multimillonaria transferencia de recursos al sector financiero viene siendo amparada por (entre otros) el Estado de EEUU desde hace 30 años. Entran, acá, los Corporate Republicans y los Wall Street Democrats, DA IGUAL.

Vuelve a mí esa idea que leí, no sé dónde: el Estado es el garante de la dominación de una(s) clase(s) sobre otra(s); en este caso (y entre otras cosas), funciona como un aparato que asegura estas transferencias de riqueza (las más monumentales de la historia).
 
Y me quedo pensando…¿Esto no era básico en el discurso de izquierda? ¿qué pasó? ¿dejó de ser ilustrativo? ¿ya no es más contundente?

Me enfrento, entonces, con una extraña nostalgia (tenía razón Borges: nadie pierde sino lo que no tiene y no ha tenido nunca)…¿Dónde carajo está la izquierda?

Aaaaah…Ahí está: inflando el pecho porque nosotros (¿ellos?) siempre defendimos la intervención del Estado en la economía. Si, creemos que teníamos razón.

Lo indignante es que, en este caso, tener la razón es funcional a la complicidad del Estado en una estafa multimillonaria, llamada “salvataje”,  que nos pone a salvo de la (real) “hecatombe inminente”.
 
Es como en la obra esa de Brecht: le pagás a los nazis para que te protejan de ellos mismos.
 
Paradoja: tener razón es estar equivocado. Paradoja: aunque por motivos diametralmente opuestos a los suyos, me encuentro en la misma posición que los derechosos más recalcitrantes.
 
Paradoja: se puede ser de izquierda y premiar un robo. Paradoja: se puede quebrar una empresa y robar un premio. 
 
La izquierda, a pesar de haber perdido su tono crítico y sus ánimos transformadores, sigue profesando la liturgia de la profecía (ahora, claro, sin contenido). En esta línea: ¿qué tipo de cálculo antecede a la creencia que el neoliberalismo está muriendo?

¿El “salvataje” es garantía de que el neoliberalismo está muriendo? ¿No parece, mejor, ser la confirmación de que goza de buena salud? ¿No es eso sorprendente? ¿Cómo es posible?
 
Yo qué sé.

La posible respuesta la leo recién: Britney Spears (votante de Bush, of course), para criticar a los “mujeriegos”, filmó un video en pelotas en el que participa de los fetiches masculinos más corrientes.
 
Paremos un minuto: el Estado juega en la Wall Street League. Y, mientras dice salvarnos, volvió a curtirnos.

Bush es un empleado de uno de los equipos que juegan en la Wall Street League

Foto: AP

Desplazamiento (a)crítico – I

Si me propongo hablar de los “temas-estrella” de los últimos meses, hay uno descollante. Claro está, LA CRISIS.

Habrá que decir, para empezar, que hay pocas cosas más obvias y previsibles que esta crisis. De hecho, quienes escribimos este espacio, nos venimos burlando desde hace años de la impostura de ciertas Ratas.
 
Sin embargo, habría que ponerse serios. Si nosotros, que somos simples peones, lo vimos venir; ¿cómo esperan que creamos que esto fue “así”, de repente? ¿por qué los derechosos se hacen los sorprendidos? ¿por qué los zurdos son tan idiotas?
 
La semana pasada, tuve la fortuna de escuchar la opinión de David Harvey. Siempre está bueno que una persona que sabe ponga “blanco sobre negro”. La lucidez es una cualidad que se ha de agradecer.
 
La conferencia duró algo más de una hora y dejó mucha tela para cortar. Una de mis partes favoritas fue su identificación de “efectos que se presentan como causa“. Hablar de esto, que llamo “desplazamientos“, es fundamental para salir de la neblina.
 
Empecemos por el primero, el más vulgar:

¿Por qué ESTALLA la crisis?

Obvio – nos dicen los quema-tinta – por la “codicia” de Wall Street.

Esto me recuerda un par de cosas.

Por un lado, me retrotrae a diciembre de 2001 (nosotros tenemos experiencia en “crisis”, posta) y a la torpe candidez con la que elaboré mi última pancarta bajo el lema: “BASTA DE BANQUERO$”  

Por otro, me resuena una vieja nota mental: “cuando las causas de un fenómeno social se asocian a sentimientos, cuando se explica con categorías psicológicas, lo más probable es que te estén MINTIENDO“.
 
Entonces, es penoso ver al Viequito McCain subirse a este petardeo y repetir y repetir fórmulas para describir la “codicia y el exceso” (“greed and excess”) de Wall Street.

Entonces, es perverso recordar a Bush fustigar su moralismo y describir “lo que pasa” como si fuera un meteorólogo.
 
Paremos un minuto: la codicia es un dato. Como tal, no es nada novedoso…

Criticar la codicia de esta mujer es inútil y puede ser contraproducente

La foto acá.

Paraíso Perdido

¿Quieres seguridad?

Dame tu libertad o, al menos, buena parte de ella.

¿Quieres confianza?

No confíes en nadie fuera de nuestra comunidad.

¿Quieres entendimiento mutuo?

No hables con extraños, ni utilices idiomas extranjeros.

¿Quieres esta acogedora sensación hogareña?

Pon alarmas en tu puerta y cámaras de circuito cerrado de televisión en tu calle.

¿Quieres seguridad?

No dejes entrar a extraños y abstente de actuar de forma extraña y de tener extraños pensamientos.

¿Quieres calidez?

No te acerques a la ventana y no abras nunca una.

(…) La seguridad y la libertad son dos valores igualmente preciosos y codiciados que podrían estar mejor o peor equilibrados, pero que difícilmente se reconciliarán de forma plena y sin fricción

(…) El problema es que la fórmula a partir de la cual se construyen las “comunidades realmente existentes” sólo hace más paralizante y difícil de corregir la contradicción existente entre libertad y seguridad.  

Zygmunt Bauman – “Comunidad”

Dos conclusiones:

1. Los que “venden” la seguridad como libertaria son mentirosos o explotadores.  

2. Cada tanto, me hace bien agarrar un libro (realmente) interesante. 

macriiii.jpg 

¿”La seguridad es libertad, porque cuando uno tiene miedo prefiere no salir.”?

Brave New World

Estos 2 coches bomba, la 4×4 de Glasgow…Leía el diario del domingo…

Gordon Brown haciéndose el guapo…La Policía trabajando para identificar a los sospechosos…A la vieja usanza: hablando con los vecinos. A la nueva usanza: revisando las millones de cámaras que filman las calles de Londres…

No sé si han visto el estudio de Scotland Yard (Corp.)…Pero la BBC queda chica ante semejante cantidad de televisores.

Y la imagen no sorprende.

Sorprende que no me sorprenda. Sorprende que me no asuste. Sorprende que no me indigne…Sorprende esta resignación…

Me acordé de mis sensaciones frente a las certezas de las calles de Washington: cierta incomodidad, picazón en las orejas, autocomplacencia neurótica (“tranquilo, sos un individuo libre…Ahí está el mausoleo de Jefferson…”)…

Caí en Winchester (Hampshire, Ingl). Tierra de pioneros del paroxismo.

En esta ciudad (en cuyo escudo se lee “many in man; one in spirit”), una empresa local ofrece un nuevo servicio urbano (que se paga con las mismas facilidades que la electricidad o el gas): “auto-vigilancia” (self-choice-surveillance).

Esto quiere decir: uno paga una cuota mensual  y un equipo de personas (conectadas a un CCTV) se ocupan de editar tu propio recorrido por las calles, centros comerciales, oficinas públicas.

De más está aclarar que el número de secuestros en Winchester el año pasado ha sido “0” (cero, Zapatero).

Algunos teóricos, entonces, explican que este servicio tiene más que ver con cierto “status-obsesivo”; con un deseo de consumo que supera la ansiedad de protección.

Sumado a esto, la comercialización individual de sistemas de cámaras (ya no sólo para el barrio) se incrementa día a día en lugares con índices delictivos mínimos. De hecho, está más que comprobado que los barrios residenciales con “paisajes de seguridad” tienen tarifas más caras que los tradicionales.

Así, pareciera que esta estética fortificada se ha vuelto un signo de distinción social.  

Barrios de iguales-sonrientes, lugares con aparente falta de sorpresa, espacios sin espacios públicos…Parte del mundo que cae…

Ay, vida…Enciérrame! 

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¿Lejos de la vista de quién?