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Abstinencia

Acá no llueve casi-nunca, pero febrero es el mes “húmedo” en Barcelona.

No me gusta la lluvia (más bien: la odio); tampoco me preocupa la situación de los empresarios del campo (con los subsidios que tienen, psss); menos me importa la economía de las aseguradoras inglesas (que indemnizan a los turistas por cada día de lluvia en la Costa del Sol). 

Sin embargo, me he acostumbrado a esperar la llegada de febrero…Es que soy de Buenos Aires y mi cuerpo fue programado en sus calles.

Por eso, cada tanto, tengo la necesidad orgánica de llegar a mi casa con las medias mojadas y putear: “ca-ra-jo, no para de llover; ¿cómo mierda se supone que se me va a secar la ropa?; no, no salgás, da asco; esta vida-gris de poronga no me la banco más.”

Luego de tres días de agua, salió el sol…Y puedo sonreír, como aliviado, satisfecho…

ADVERTENCIA: la Sudestada tiene Síndrome de Abstinencia.

el Payador

(A un amigo)

Lo ilumina el sol que pega en los vidrios de enfrente. Mira recto, como si no lo tapara la fortaleza de edificios.

Apoya en el piso una guitarra que no existe. Recupera la mano izquierda y se prende el tercer cigarrillo del día.

Las luces de neón del parking se apagan a las ocho. Él ya lo sabe. Sabe, también, que el cuidador sale en cinco minutos. 

Y que lo verá pasar, silbando, camino a Libertad.

Al reconocerlo, no sé si es campo o es ciudad. Pero tiene que ser ciudad. Al tenerlo al lado, no sé si darle la mano o hacer una reverencia.

Caminamos, en un sueño o una visión.

Le comento que prefiero cruzar por Paraguay, que acostumbro a ir en el mismo sentido que los autos.

Una queja, respetuosa de la neurosis ajena. Un argumento, que lo lleva a una historia. Una historia, que pasa a ser el sonido de sus pasos.

Son pavadas, todas pavadas. ¿Seguís en la prehistoria, chabón? El postmodernismo es de ortibas.” 

Sus versos descreen de éxitos y fracasos. Y me distraen, al cruzar la maldita 9 de Julio.

Me devuelven el aire urbano de algún pasaje, de otra plaza. Me permiten revestir al monolito blanco. 

Ya en la vereda inalcanzable, nos mezclamos con otras criaturas de la ciudad. Pintamos el retrato del Buenos Aires que extraño.

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