Archive for the 'La importancia de ser sudaca' Category

No cambio mis pasiones por “nada”

El fantasma de la recesión mundial pisó España. Se agita en los medios y se palpa en la calle. Según encuestas, 2 de cada 3 españoles consideran que la crisis “es un hecho”. Entre otras manifestaciones, los encuestados corporizan el espectro al ver menos consumo y menos oferta de trabajo.

Los comercios ven que los clientes tiran cada vez más de la tarjeta de crédito y los bancos temen que algunos “hipotecados” tengan dificultades para el re-pago usureado de su endeudamiento.

Todo esto es muy obvio y me sirve sólo de introducción. Me gustaría comentar el abordaje (“cercano a la vida cotidiana”) que ha hecho el Diario Qué!. El Qué! es, para quien escribe, lectura obligada de todas las mañanas; es uno de estos periódicos repartidos en la boca del Metro. Suele adornar mi viaje subterráneo con su sensacionalismo vulgar y sus recursos elementales.

Hoy, publicaron el decálogo para combatir la crisis (“capear el temporal”). Aunque merecerían ser desarrollados, pasaré por alto 8 items:

1. Tratar de ahorrar.

3. Comprar marcas blancas.

5. Recortar el gasto en vicios y lujos.

6. Hacer horas extra.

7. Comprar menos ropa. (¿?)

8. Posponer grandes gastos.

9. No ir de vacaciones.

10. Vivir al día.

Los 2 puntos restantes (ubicados en lugares de privilegio), se atragantan:

2. Salir menos.

4. No hacer nada.

El punto “4” choca: ¿¿”No hacer nada”??…¿Por qué? ¿es que, acaso, uno paga por todo?…¿¿”No hacer nada”?? ¿qué hago, entonces?

El punto “2” es aún peor: ¿¿Por qué “salir menos”??…¿Qué quiere decir “salir”? ¿salir es gastar? ¿te cobran por salir?…¿Es irrefrenable el impulso de consumir cuando uno está afuera?

Todo esto me llevó a recordar una absurda conferencia dictada por mi amigo E.L. en el marco de un ciclo de charlas organizado por la Fundación que llevaba mi apellido (la malograda FundaciónF; tipo la Rockefeller Foundation pero sudaca y sin recursos financieros).

Leer el acta de aquella conferencia resulta esclarecedor. En su interesante disertación, E.L. nos invitó a diferenciar entre:

a) Salir “saliendo”: consiste en salir del ámbito privado por excelencia (la vivienda) embarcado en un plan ameno y trivial que implica gastar dinero.

b) Salir saliendo: consiste, simplemente, en salir de la vivienda con el propósito (típico) de “dar una vuelta” o “sentarse por ahí”, hechos que conllevan un beneficio-per-se .  

c) “Salir” no-saliendo: consiste en no salir de la vivienda con el compromiso de sostener una actitud amena y trivial.

d) No-“salir” saliendo / “saliendo”: consiste en salir del ámbito privado embarcado en un plan no-ameno que puede (o no) implicar un gasto de dinero.

Invitamos a los brutos de Qué! a recordar que ser el medio gráfico más leído en España conlleva una responsabilidad: no ser tan ramplón.

Desde este espacio, recomendamos a los sacudidos por la crisis salir-saliendo . Pueden aprovechar que viene el viento de África para disfrutar de plazas y parques; o que los museos son gratuitos el primer domingo de cada mes. Además, por supuesto, sugerimos explotar los beneficios de vivir en ciudades complejas, antiguas y atractivas…

¡Caminar es Gratis!

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¡Salí-saliendo, Oscar! No seas pelotazo.

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Yo al Desierto

Me subo al último vagón del metro y, cuando faltan dos estaciones para llegar a Zona Universitaria, recorro todo el tren. Quedan dos personas.

Van juntas, tienen cerca de 40 años y no sé qué hacen acá. Quizás, les dijeron que podían pasar un momento agradable en algún parque. No sé. Quizás, querían escapar de la sociedad…

La cuesta que me lleva al despacho universitario en el que trabajo tiene una cuadra. En ella que se alinean bares, librerías especializadas y un estanco. Hoy, todo percianas metálicas.

Al menos, está el portero, “ey, ¿qué tal?”. No me responde.

Entro. Estoy solo. Llamo a otros internos. Encuentro sólo a un colega chileno; más tarde, me cruzaré con un mexicano en el pasillo. “No sé qué hago aquí, buey”. Si, yo también dudo. ¿Hago algo? ¿Me voy al carajo?

En España, cuando un feriado cae jueves se sobreentiende que el viernes quedará también afectado. Es como un feriado por default. Esto se nota particularmente en esta zona.

Decido subir a imprimirme unas cosas y me engancho leyendo unos artículos. Ahora que ya es tarde, vuelvo a empezar.

Y pongo un poco de música. 

“El desierto lija todo lo que sobra y te cobra lo que no podés pagar.”

Ser Sudaca (SS)

La falta de la rodaja limón en su vaso de CocaCola pone nervioso al tipo de la mesa de al lado. De mala manera: “Eh, tío, que te lo he repetido dos veces”…El mozo cumple sus deseos y vuelve detrás de la barra, con el insulto entre los dientes. 

Entonces, se me ocurre buscar la palabra “sudaca” en el diccionario. Para mi sorpresa, figura: “Sudaca: derivación irregular de `suramericano´; adjetivo despectivo y coloquial usado también como sustantivo”.

Decido llamar a un amigo y ser directo: “para vos ¿yo soy un sudaca?”…“ – Pero ¿Qué dices, tío? ¿Cómo vas a ser un sudaca?”… “– ¡Cómo no! Si nací en Buenos Aires, viví el 90% de mi vida en Argentina y me siento de allá”…“Tío, por favor ¿Cómo vas a ser TÚ un sudaca?”…

No entiendo: “¿no soy sudaca por ser esta palabra una derivación irregular o porque esta derivación irregular no se aplica a mi persona? ¿Tú no usas la palabra?”   

Yo sí. Yo la uso. Y suelo auto-aplicármela. En cambio, el mozo que, ahora, limpia el baño prefiere decir “yo soy latino”… “Tú, no”, me dice, “tú eres argentino, hombre”… No entiendo: “Pero si yo también hablo un español bastardo ¿es que no escucho reggaetón?
 
Odio el apelativo “latino”. Es impreciso (porque un brasilero sería también “latino”, y no lo “es”; incluso, el rumano deriva del latín). Además, rellena bocas autocomplacientes. Me suena a J-Lopez diciendo que “lo latino está de moda”.

La observación cobró rigor. Comprobé que un tipo de Lima, con título de economista, no es sudaca; pero aquél colombiano, que es ingeniero de caminos, sí es sudaca. Que aquél, sin-papeles, “no es”; y ese otro, que vive en España hace 10 años, “sí es”.

Hace ya unos meses estoy investigando la inmigración España. Y compruebo que la xenofobia marcha, sobre todo, por carriles civilizados. Se expresa, más que en ningún otro aspecto, en el acceso a la vivienda. Ello condiciona el acceso a espacios públicos y a cierta información. 

Observo que se expresa, también, cuando otros usan la palabra “sudaca”. Porque esta condición no se define según procedencia, cualificación o legalidad; sino por el color de la piel. Este criterio lo aplica un amigo, un oficial de migraciones, un profesor…

También, lo aplica aquél ecuatoriano que vuelve a su barrio. Me cuenta que, cuando llegó, durmió cuatro meses en ese balcón por el que pagaba 180 euros al mes. Me dice que ya no llora al contarlo.

Mientras caminamos por Ciutat Meridiana, le comento que vive en “Sudacalandia”: la derivación irregular de un barrio.

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